En la mayoría de las tiendas el conocimiento del catálogo está repartido: parte en los muestrarios del proveedor, parte en una lista de precios y parte únicamente en la memoria de quien lleva más años. Funciona mientras esa persona esté. Un catálogo digital traslada ese conocimiento a un sitio donde todo el equipo puede usarlo.

Para qué le sirve a la tienda

  • El comercial nuevo atiende como el veterano. En vez de aprenderse el catálogo durante meses, lo tiene delante, con precios, composición y disponibilidad.
  • La misma respuesta atienda quien atienda. Se acabó que el cliente escuche dos precios distintos en una semana.
  • Atender fuera de la tienda. Un mensaje por la tarde o una llamada mientras se toman medidas en otra casa dejan de exigir volver al local.
  • Requisito para visualizar. Ninguna herramienta de visualización puede enseñar su tejido si no existe una foto. Ese es el motivo por el que el catálogo deja de ser una tarea de orden y pasa a ser una inversión comercial.

Qué debe contener

Tienta registrarlo todo. En la práctica, un catálogo con veinte campos por referencia no se termina nunca. El mínimo que de verdad compensa:

  • Foto del tejido — extendido en plano, con luz de día y el rapport completo visible.
  • Nombre y referencia del fabricante — lo que se usa para pedir al proveedor.
  • Composición y ancho de pieza — el ancho determina cuántos paños salen por metro.
  • Tamaño del rapport — necesario tanto para calcular consumo como para visualizar correctamente.
  • Grado de transparencia — transparente, semitransparente, opaco.
  • Precio de compra y de venta — si el catálogo también tiene que ayudar a presupuestar.

Todo lo demás — historia de la colección, textos de marketing, certificados — se puede añadir después, si hace falta. Normalmente no hace falta.

Cómo fotografiar los tejidos

Es la fase en la que más gente abandona, y la más fácil de salvar si se fijan unas reglas. El equipo da igual: un móvil sobra. Lo que importa es que sea repetible.

  • Siempre la misma luz. Mejor luz natural junto a una ventana, sin sol directo. Fotos hechas unas con fluorescente y otras con lámpara dan un catálogo cuyos colores no concuerdan entre sí.
  • Tejido en plano, sin pliegues. Los pliegues alteran la percepción del color y falsean la escala del dibujo.
  • Rapport completo en el encuadre. Si el dibujo se repite cada 30 cm, esos 30 cm tienen que estar en la foto; si no, ni el cliente ni la herramienta de visualización saben cómo se distribuye.
  • Fondo neutro. Una superficie blanca o gris. Los fondos de color desplazan el tono percibido.
  • Algo que dé escala. Una cinta métrica en la primera foto de cada colección evita muchas dudas más adelante.

Cómo organizarlo

La estructura debe seguir cómo pregunta el cliente, no cómo lo envía el proveedor. Nadie dice «enséñeme la colección otoño 2025», sino «busco algo gris, ligero, para el salón».

Funciona bien dividir por tipo de producto (visillo / cortina / estor / barra) y, dentro, etiquetar por color y grado de transparencia. La colección y el proveedor son útiles al pedir, pero como división principal entorpecen la venta.

Aparte: conviene decidir desde el principio quién actualiza el catálogo y cuándo. Un catálogo donde la mitad ya no está disponible es peor que no tenerlo, porque genera promesas que nadie puede cumplir.

Empezar sin bloquear una semana

El error más común es intentar catalogarlo todo de una vez. Con varios cientos de referencias es un proyecto de semanas que suele morir a mitad de camino.

  1. Empezar por los superventas. Las veinte referencias más vendidas suelen ser la mayor parte de la facturación. Una tarde de trabajo y el catálogo ya sirve.
  2. Ampliarlo vendiendo. Cada vez que alguien coge un muestrario, ese tejido entra en el catálogo. En un trimestre está dentro todo lo que se vende de verdad.
  3. Incorporar las colecciones nuevas al momento. Fotografiar al desembalar el muestrario cuesta minutos; hacerlo medio año después cuesta una hora de búsqueda.

Este orden tiene otra ventaja: el catálogo trabaja desde el primer día. Con veinte tejidos fotografiados ya se pueden enseñar visualizaciones sobre la ventana del cliente, que es el momento en que todo este trabajo empieza a devolverse.

Un catálogo que vende desde el primer día

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